Palabras de Vera: El carisma de la unidad y la cuestión social

24/10/2013

por Sumá Fraternidad

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Vera Araujo brindó una conmovedora charla desde Italia, a traves de Skype, conectandose con los participantes del Seminario que la escucharon atentamente y luego le hicieron preguntas a través de un microfono. Compartió el escenario con Juan Esteban, Vera en la pantalla del skype y Juan Esteban sentado frente a los oyentes. Les dejamos el material de la charla de Vera, tanto en castellano como en portuges.

El carisma de la unidad y la cuestión social en america latina y el caribe

Ser el “continente azul”, en el mapa geográfico carismático de la espiritualidad de la unidad de Chiara, tiene una importancia decisiva y desafiante para los seguidores de este carisma.

Desafiante y decisiva porque se carga de nuestra especificidad, pues se convierte en un reto al que no podemos rehuir y porque representa una decidida contribución a la realización de un mundo unido, a través del ágape y la fraternidad.

Por lo tanto, creo que la “mirada” a nuestras sociedades se “colorea” de algunas indicaciones precisas que derivan del carisma, aun en la acogida de su totalidad y universalidad.

Indicaciones precisas que son verdaderas “herramientas” en lo teórico y lo práctico para comprender los desafíos de nuestro continente.

Esto requiere un proceso de elaboración que nos invita a un trabajo constante, profundo, nunca acabado y siempre abierto a las nuevas dimensiones del carisma y a las novedades de la historia.

En este momento me limito a pocos ejemplos teniendo en cuenta las obras sociales que de este escenario son, obviamente, una parte, aunque de gran valor.

1° palabra

Ágape: es nuestro horizonte y nuestro piso, impregna nuestro intelecto y nuestros corazones y también nuestras piernas y manos.

El ágape es la novedad más grande. En nuestras actividades y obras sociales es la piedra angular, es el camino, es la parada. Es la esencia del profesionalismo y la creatividad. Es todo.

Nunca debe ser “restringida”, “cerrada”, “manipulada”. Viene de Dios, del Espíritu Santo y, por lo tanto, es siempre “creativa”, “impredecible” como el Espíritu que no se sabe de dónde viene y adónde va (Jn 3, 8).

Esto no significa que no se puede o no se deba organizar y regular, sino que significa que el ágape hace libre y la libertad es el mayor regalo de Dios a la humanidad, libertad que nos hace capaces del don recíproco para construir la unidad. Si nos falta el ágape no somos nosotros.

2° palabra

Hacerse uno: es un método. Es el modo y la manera de amar en las actividades, en las relaciones sociales, políticas, institucionales, en las obras. Es un método no sólo instrumental sino también del comportamiento. Es mucho más. Es un componente antropológico que permite construir una relación como “transmigración” en el otro, en el distinto y diferente a mí.

En las actividades sociales el “hacerse uno” es crucial, porque abarca todas las “técnicas” que una buena profesionalidad requiere: espacio de escucha profunda, paciencia, suspensión de juicios, etc. que permite la posibilidad concreta de una evaluación de situaciones, correctas, eficaces, respetuosas. Chiara conecta la actitud y la acción en el arte de amar: “…ir al encuentro de los hermanos, de sus necesidades, asumirse sus preocupaciones como también sus sufrimientos. Entonces, tendrá significado dar de comer, beber, ofrecer un consejo, una ayuda”[1].

3° palabra

Fraternidad: una palabra difícil, delicada, se presta a múltiples interpretaciones y contenido a lo largo de la historia y en los más diferentes contextos sociales. Hay un texto de Chiara que clarifica de qué fraternidad estamos hablando y despeja el terreno de malentendidos:

“Él (Jesús) revelando que Dios es Padre, y que los hombres, por eso, son todos hermanos, introduce la idea de la humanidad como una familia, la idea de “familia humana” posible para la fraternidad universal. Y esto rompe los muros que separan los “iguales” de los “diferentes”, los amigos de los enemigos. Y desliga a cada hombre de relaciones injustas, logrando una verdadera revolución existencial, cultural, política[2].

En nuestro continente en la base de la cuestión social está la desigualdad que se manifiesta en las diferentes dimensiones de la vida: económica, política, institucional. Cualquier acción, actividad o trabajo social no puede dejar de tener como objetivo una peregrinación hacia una mayor igualdad.

La fraternidad para nosotros, especialmente en América Latina, debe tener ese horizonte.

Pablo VI, hablando en las Naciones Unidas en 1965, en un discurso histórico, dijo a los representantes de los pueblos que la igualdad se construye y para hacerlo se necesita humildad. Es la humildad que nos ayuda a ser hermanos.

Esto me parece un desafío que la fraternidad es capaz de afrontar con buenas posibilidades de éxito. La fraternidad de Jesús, vivida por Chiara, libera contenidos de gran profundidad y dinamismo, pone en marcha muchas energías latentes, empuja hacia metas concretas, crecimiento por

a) necesidad de reciprocidad y de interacción

b) requisito de capacidad de donación de sí y de entrega concreta

c) necesidad de justicia, como fundamento de la participación

d) necesidad de comunión.

 

4° palabra

Sufrimiento y conflictos.

Quién quiere afrontar la cuestión social se mide diariamente con el sufrimiento y con los conflictos que, si están presentes en las vicisitudes humanas, especialmente inervan el mundo de los frágiles y los oprimidos.

Para esta dimensión particular con que tiene que vérselas el operador social, el carisma de la unidad ofrece no una solución fácil, no una herramienta, sino un sentido, un significado que es una Persona. El Cristo abandonado en la cruz es la revelación completa, para nosotros, del amor de Dios por la humanidad y clave de comprensión de cada desunión, conflicto, mal, dolor, entre individuos y en la sociedad.

Chiara nos enseñó – incluso con su vida – a llevar hasta las últimas consecuencias el “leer”, “interpretar” y “resolver” los males del mundo “– todos – a la luz del abandono de Jesús.

“Para amar bien no ver en las dificultades y distorsiones del mundo sólo males sociales a los cuales dar remedio, sino ver en estos el rostro de Cristo que no desprecia estar detrás de cada miseria humana[3].

 

El abandonado se identifica con todos los crucifijos de la tierra. Puede ser visto y encontrado en todas las situaciones de sufrimiento y de sin sentido[4].

Jesús crucificado y abandonado nos espera allí donde se manifiesta el dolor de la gente y espera ser reconocido, abrazado, amado, asumido como propio. En este abrazo se abre una puerta; puede ser sanada cada herida y laceración.

Quién lo ama así está equipado espiritualmente y culturalmente para buscar y encontrar las salidas y de compartir juntos las muchas y sufridas situaciones sociales.

 

5° palabra

Dignidad y ciudadanía

En el escenario mundial de hoy, la restauración de la dignidad de cada persona y grupo o comunidad, pasa necesariamente por el estatuto de ciudadanía.

Cada tarea o trabajo social debe apuntar a formar ciudadanos capaces de participar y, de consecuencia, de reivindicación de sus derechos y deberes.

El carisma de la unidad indica la aparición de una ciudadanía local (nacional) y global (universal).

Chiara nos enseña y exhorta a convertirnos en hombres-mundo, es decir, capaces de una mirada, de una sensación y un operar que abrace a quien pasa a nuestro lado y a quien se desconoce porque está lejos, pero que nunca es anónimo.

Por lo tanto, los ciudadanos de mi ciudad y de mi país, los ciudadanos latinoamericanos, ciudadanos del mundo.

“Amar la patria del otro como la propia” es profecía aplicada concreta, es comprender y vivir el ágape desde donde empezamos, como amor social, categoría política capaz de transformar las situaciones de dificultad.

Para ver el documento completo de la charla de Vera pueden hacerlo aqui.